Guardar la ropa sin lavarla, almacenarla en lugares húmedos o utilizar contenedores inadecuados son algunas de las prácticas que pueden deteriorar las prendas durante los meses fríos
La académica de Diseño de Vestuario y Textil UNAB, Gabriela Beaumont, explica cómo evitar daños y prolongar la vida útil de la ropa.
Con la llegada del invierno, muchas personas comienzan el tradicional cambio de temporada en sus clósets: guardar la ropa ligera y volver a sacar abrigos, chalecos y prendas más gruesas. Sin embargo, una mala decisión al momento de almacenar las prendas puede provocar manchas permanentes, hongos, malos olores, deformaciones e incluso daños irreversibles en las telas.
Para Gabriela Beaumont, académica de Diseño de Vestuario y Textil de la Universidad Andrés Bello, el cuidado de la ropa va mucho más allá de una cuestión estética.
“En estos tiempos es importante insistir en que el cuidado de las prendas no solo prolonga su vida útil, sino que también es una práctica de consumo responsable y sustentable con el medio ambiente. La prenda más sustentable es aquella que usamos durante más tiempo”, señala.
1. Guardar la ropa sin lavarla
Aunque una prenda parezca limpia, puede contener restos de sudor, protector solar, perfumes, arena o salitre acumulados durante el verano.
“Estos residuos pueden oxidarse con el tiempo y generar manchas permanentes, amarillamiento o deterioro de las fibras”, advierte Beaumont.
Por eso, la recomendación es guardar siempre la ropa completamente limpia antes del cambio de temporada.
2. Almacenar prendas que aún conservan humedad
Uno de los principales enemigos de la ropa guardada es la humedad.
La especialista explica que incluso una pequeña cantidad de humedad residual puede favorecer la aparición de hongos, malos olores y manchas difíciles de eliminar, especialmente en prendas de lino, algodón y otras fibras naturales.
En el caso de los trajes de baño, recomienda lavarlos con agua fría y detergente suave para eliminar restos de cloro y sal antes de guardarlos completamente secos.
3. Elegir lugares húmedos o poco ventilados
Closets ubicados junto a baños, bodegas cerradas o espacios con poca ventilación pueden transformarse en un ambiente ideal para la proliferación de hongos.
“Es importante que las prendas se almacenen en lugares secos y con buena ventilación. También hay que evitar espacios sometidos a cambios bruscos de temperatura, como entretechos o bodegas expuestas al sol”, explica.
4. Comprimir demasiado la ropa
Llenar cajas o bolsas hasta el límite puede parecer una buena forma de ahorrar espacio, pero termina afectando la conservación de las prendas.
La presión excesiva genera arrugas difíciles de eliminar, deformaciones y estrés sobre los tejidos, especialmente en vestidos, blusas y prendas confeccionadas con telas delicadas.
5. Utilizar contenedores completamente herméticos
No todos los sistemas de almacenamiento son recomendables.
Según Beaumont, las mejores alternativas son cajas de tela, organizadores textiles transpirables, fundas de algodón o cajas de cartón libre de ácido.
En cambio, las bolsas plásticas delgadas y los recipientes completamente herméticos pueden favorecer la acumulación de humedad y aumentar el riesgo de hongos o deterioro.
Además, aconseja incorporar absorbentes de humedad, especialmente en zonas donde los inviernos son más húmedos.
6. Olvidarse de las polillas y otros insectos
Muchas personas creen que los insectos se alimentan de la tela, pero en realidad suelen sentirse atraídos por restos orgánicos presentes en las prendas.
“Los residuos de sudor, células de la piel o pequeñas partículas de alimentos son los que atraen a los insectos”, explica la académica.
Para prevenir problemas, recomienda ventilar periódicamente el clóset y utilizar repelentes naturales como lavanda, cedro o romero seco.
Un cambio de temporada más sustentable
Más allá de ordenar el clóset, Beaumont destaca que el cambio de temporada también es una oportunidad para revisar el estado de las prendas, reparar cierres o botones y evaluar qué ropa realmente se utiliza.
“Cada prenda que logramos conservar en buen estado por más tiempo reduce el desperdicio textil y el impacto ambiental asociado a la moda”, concluye.






