Hay mucha gente, y no es culpa de ellos, que cree que O’Higgins nació el año 2013, cuando fue campeón
Y esa ilusión infantil genuina es aceptada por la mayoría de los rancagüinos, obvio, si ese 10 de diciembre para muchos, me incluyo, es la día más feliz de nuestras vidas, con excepción, por supuesto, de las alegrías individuales a nivel personal y familiar.
Pero para ellos, una generación completa que hoy son el recambio en las gradas, les tengo una mala noticia, casi al punto de comunicarles que el Viejo Pascuero no existe: la “Celeste” tuvo una vida difícil, cruel, vulnerable, muchas veces al borde de la muerte.
Fueron años y años de pasajes complejos, de hambre y déficit económico. Décadas de camisetas sucias y sueldos sin pagar, salvo cuando Codelco alguna vez apoyó con fuerza al club. Lo demás muchachos, fueron más miserias que éxitos; más pan duro, que uno masamadre; mas embargos, que inversiones; más ladrones, que gente de bien para administrar la institución.
Esta familia que se reúne en El Teniente, es de manos secas y duras por el trabajo; es de las que come menos en la semana, para poder comprar la entrada del fin de semana; es de las que sale antes del trabajo para ir al estadio; es de las que deja la vida, como los “16”; y por sobre todo muchachos, es la que ama a O’Higgins por el tono de su sangre y no por los partidos ganados y por las estrellas que no repletan la camiseta.Aquí la pasión y amor tienen nombre de héroe y apellido comunal, que paseamos por Chile y ahora por el mundo entero.
Por eso, debemos sentirnos orgullosos del momento que vivimos y el futuro que se está construyendo. Tener a Sao Paulo en la ciudad, es un lindo privilegio y no lo podemos dejar pasar sin admirar. Más allá de lo que hoy ocurra en cancha, estas son las instancias en las que siempre merecemos estar. Hoy hay que ir abrigado, pero de gala para disfrutar.
¡O’Higgins está preparado y tiene todas las condiciones para salir a ganar!






