Cada invierno, las condiciones meteorológicas del valle central de la región de O’Higgins generan un desafío ambiental y sanitario que no podemos ignorar
El deterioro de la calidad del aire producto principalmente de la conjunción de tres factores: la reducción de las condiciones de ventilación, el descenso de las temperaturas y el uso intensivo de calefacción domiciliaria a leña. Frente a esta realidad, la Gestión de Episodios Críticos (GEC), contenida en el Plan de Descontaminación Atmosférica (PDA), constituye una herramienta fundamental para proteger la salud de más de 700 mil personas que habitan las 17 comunas comprendidas en la zona saturada del valle central de nuestra región.
La GEC no es una medida improvisada ni aislada. Es parte de una política pública seria, técnicamente fundada y jurídicamente respaldada, cuyo propósito es prevenir la exposición de la población a altos niveles de contaminación atmosférica durante los meses más complejos del año, entre mayo y agosto. Su implementación considera restricciones temporales y focalizadas, a través de sus medidas aplicadas en episodio de Alerta, Preemergencia o Emergencia Ambiental, es posible regular el uso residencial de artefactos a leña, actividades deportivas en establecimientos educacionales y organizadas por la Seremi del Deporte y el Instituto Nacional del Deporte (IND) y funcionamiento de fuentes fijas como hornos y calderas.
Como SEREMI del Medio Ambiente de la región de O’Higgins, pero también desde mi formación y experiencia como abogado, tengo la convicción de que toda política pública debe sustentarse firmemente en el principio de legalidad. Ese principio no es una mera formalidad administrativa; es la garantía de que las decisiones del Estado se adoptan dentro del marco jurídico vigente, con reglas claras, objetivas y transparentes para todos.
En materia ambiental, el apego irrestricto a la legalidad resulta esencial. Nos permite actuar con certeza jurídica, agilizar procesos, mejorar la gestión pública y fortalecer la confianza de la ciudadanía. Pero, además, nos obliga a buscar siempre un equilibrio responsable entre dos objetivos que no son incompatibles: la protección del medio ambiente y el desarrollo de nuestra región.
La región de O’Higgins necesita crecer, generar empleo y avanzar en inversión y oportunidades y ese crecimiento debe producirse respetando el derecho de las personas a vivir en un entorno libre de contaminación. La protección de la salud y del medio ambiente constituye una condición indispensable para un desarrollo verdaderamente sostenible, como lo ha sostenido nuestro Presidente de la República, José Antonio Kast; y nuestra Ministra de Medio Ambiente, Francisca Toledo.
Sabemos con claridad que la principal fuente de contaminación atmosférica en nuestro valle central proviene de la calefacción a leña. Por ello, las medidas contempladas en la Gestión de Episodios Críticos ponen especial énfasis en restringir el uso de calefactores a leña durante episodios de Alerta, Preemergencia y Emergencia Ambiental, permitiendo únicamente sistemas más sustentables, como los calefactores a pellet certificados, el gas, la parafina y la electricidad.
Estas medidas muchas veces implican cambios culturales profundos y esfuerzos económicos importantes para las familias. Y precisamente por eso, es justo reconocer el enorme compromiso que miles de habitantes de nuestra región han demostrado durante los últimos años.
Poco a poco, hemos ido avanzando hacia formas de calefacción más limpias y sustentables. Cada hogar que decide reemplazar un antiguo calefactor a leña por tecnologías menos contaminantes está haciendo un aporte concreto a la salud pública y al bienestar colectivo. Ese esfuerzo ciudadano tiene un impacto real en la calidad del aire que respiramos todos: nuestros hijos, nuestros nietos y las futuras generaciones.
Como SEREMI de Medio Ambiente, nuestro deber es acompañar y reforzar ese compromiso ciudadano mediante políticas públicas eficientes y cercanas a las personas. En esa línea, hemos trabajado intensamente para agilizar y optimizar los procesos del Programa de Recambio de Calefactores en la región, reduciendo tiempos administrativos y acelerando la instalación de equipos de combustión limpia en los hogares beneficiados.
Sabemos que todavía queda mucho camino por recorrer. La transición energética domiciliaria no ocurre de un día para otro. Requiere recursos, educación, conciencia y colaboración entre el Estado y la ciudadanía. Pero también sabemos que este es el camino correcto si queremos construir ciudades más saludables y mejorar la calidad de vida de quienes viven en nuestra región.
La descontaminación atmosférica no depende únicamente de la fiscalización o de las restricciones establecidas en el Plan de Descontaminación Atmosférica. Requiere un cambio de conciencia colectiva. Debemos comprender que el aire limpio es una responsabilidad compartida y que nuestras decisiones cotidianas tienen efectos directos sobre la salud de toda la comunidad.
Por eso, el llamado es a informarse, respetar las medidas decretadas durante los episodios críticos y optar progresivamente por sistemas de calefacción más sustentables. Cada acción individual cuenta. Cada decisión responsable contribuye a disminuir la contaminación y proteger la vida.
Hoy más que nunca, debemos pensar en el legado que queremos dejar a las nuevas generaciones. Tenemos la obligación moral y jurídica de avanzar hacia un desarrollo que permita a nuestros hijos y nietos vivir en un entorno sano, equilibrado y ambientalmente sostenible.
La protección de la vida y de la salud de las personas debe ser siempre el fin último de nuestras decisiones públicas. Y proteger la salud de nuestros habitantes significa, necesariamente, proteger también nuestro medio ambiente.
Porque cuidar el aire que respiramos es, en definitiva, cuidar el futuro de nuestra región y de nuestro país.
José Pablo Lagos Larenas
Seremi del Medio Ambiente O´Higgins






