En el marco del Día Internacional del Libro, que se conmemora el 23 de abril, Fanny Cavieres, Gestora cultural, mediadora de lectura y consultora pedagógica en Editorial Caligrafix, advierte que los primeros meses del año escolar son clave para desarrollar habilidades lectoras y fomentar el gusto por la lectura, destacando el rol de la familia, la estimulación temprana y metodologías que integren el juego y la creatividad
A semanas del inicio del año escolar y en la antesala del Día Internacional del Libro que se conmemora cada 23 de abril y, en un contexto donde las habilidades lectoras siguen siendo un desafío a nivel país, fortalecer el vínculo con los libros desde el inicio del año escolar puede marcar una diferencia significativa en la trayectoria educativa de los estudiantes.
“Los primeros meses del año escolar son decisivos, ya que en este periodo se establecen las bases cognitivas y emocionales del proceso lector. Es aquí donde los niños y niñas comienzan a desarrollar habilidades esenciales como la conciencia fonológica, la relación entre grafemas y fonemas, el vocabulario inicial y la comprensión oral”, explica Fanny Cavieres, Gestora cultural, mediadora de lectura y consultora pedagógica en Editorial Caligrafix, experta en LIJ, asesoría docente y formación de lectores mediante experiencias innovadoras.
Pero no se trata sólo de habilidades técnicas. Según la experta, en esta etapa también se consolidan aspectos fundamentales como la atención, la constancia y la confianza en sí mismos como lectores en formación. “Cuando este proceso se aborda de manera adecuada, no solo se facilita la adquisición de la lectura, sino que también se previenen futuras dificultades y se construye un vínculo positivo y significativo con los textos desde el inicio”, enfatiza.
Leer también es jugar
Uno de los errores más comunes —advierte la experta— es asociar la lectura únicamente con una obligación académica. Por el contrario, durante los primeros meses, el acercamiento a los libros debe ser una experiencia lúdica y libre de presión.
Hojear, imaginar, reír, hacer preguntas o jugar con las palabras son parte esencial de este proceso. “Tomar un libro sin miedo permite que los niños y niñas asocien la lectura con el placer y la curiosidad. Así, la literatura deja de ser sólo una habilidad por aprender y se transforma en un espacio de juego, creatividad y encuentro”, señala Cavieres.
Tres claves que marcan la diferencia
Para construir una base lectora sólida, existen tres factores que resultan determinantes:
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Estimulación temprana: permite que los niños lleguen al colegio con experiencias previas vinculadas al lenguaje, como escuchar cuentos o jugar con rimas.
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Acompañamiento familiar: refuerza lo aprendido en el aula y fortalece la motivación y seguridad de los niños.
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Metodologías adecuadas: integrar lo lúdico, lo significativo y lo progresivo favorece un aprendizaje más completo y respetuoso de los distintos ritmos.
“En conjunto, estos elementos no solo consolidan una base lectora firme, sino que también despiertan el gusto por la lectura, que es el motor del aprendizaje a largo plazo”, enfatiza la profesional.
Creatividad y lectura: un vínculo clave desde el inicio
Desde la experiencia de la editorial Caligrafix, a través de su línea Viaje Literario que ofrece una colección ideal pensada para niños, niñas y adolescentes, la lectura se plantea como una experiencia que va más allá de decodificar palabras: se trata de imaginar, crear, empatizar y expresarse.
Esta propuesta incorpora lecturas conectadas con el mundo emocional de los niños, actividades de escritura creativa y juegos de lenguaje que estimulan la imaginación y el pensamiento divergente.
“El enfoque es que los niños y niñas no sólo aprendan a leer, sino que encuentren en la lectura un espacio de juego, exploración y creación. Queremos que se conviertan en protagonistas de su propio aprendizaje”, concluye la profesional.






