Diagnóstico tardío, mayor circulación ambiental del virus y confusión con infecciones respiratorias comunes explican el alza de muertes por hantavirus, según advierte una especialista
El aumento de la letalidad del hantavirus registrado este verano en Chile no respondería a un virus distinto ni a una mutación más agresiva. La explicación está en una combinación de factores que siguen retrasando el diagnóstico y la atención oportuna, según señala Carolina Otero, doctora en inmunología y académica de la Escuela de Química y Farmacia de la Universidad Andrés Bello.
Uno de los principales problemas que indica la especialista es que el inicio de la enfermedad se confunde fácilmente con una gripe común. “Fiebre, dolores musculares, cefalea y malestar general suelen llevar a consultas tardías. Cuando aparece la dificultad respiratoria, el virus ya ha provocado un daño pulmonar severo, reduciendo de manera significativa las posibilidades de sobrevida”, explica.
Mayor carga viral e inercia diagnóstica
A este escenario se suma una mayor carga viral ambiental. Otero indica que el cambio climático ha modificado las condiciones ecológicas, favoreciendo la presencia del ratón colilargo y una mayor concentración del virus en sus secreciones: “Esto incrementa la probabilidad de exposición en zonas rurales y silvestres, incluso fuera de los periodos tradicionalmente considerados de mayor riesgo”.
Otro factor importante que subraya la inmunóloga es que tras la pandemia también se ha instalado una tendencia a atribuir los cuadros febriles a virus respiratorios frecuentes, como COVID 19 o influenza. “Esta inercia diagnóstica retrasa la sospecha específica de hantavirus en áreas donde debería considerarse de forma temprana ante cualquier antecedente de exposición ambiental”, recalca.
Soluciones
Desde el punto de vista sanitario, el control de este aumento pasa por fortalecer la vigilancia local, “una mirada directa sería capacitar equipos de salud rurales para mantener un alto nivel de sospecha frente a fiebre inespecífica”, sugiere y agrega que a ello “se suma la necesidad de asegurar el traslado rápido a centros especializados y el trabajo preventivo con trabajadores agrícolas y administradores de campings, especialmente en el sellado y ventilación adecuada de bodegas y cabañas”.
El hantavirus avanza con rapidez. La académica UNAB insiste en que la transición desde síntomas generales a una falla pulmonar grave puede ocurrir en pocas horas. “Frente a fiebre y antecedente de contacto con zonas rurales o silvestres en las últimas seis semanas, la consulta inmediata sigue siendo la diferencia entre un diagnóstico a tiempo y un desenlace fatal”, concluye.






