Nuestra sociedad enfrenta un desafío que no puede quedar para mañana: la tendencia a postergar tareas incómodas pero necesarias
Lo anterior repercute a la larga, en un bajo nivel de productividad a nivel global, y amenaza con deteriorar nuestra calidad de vida y nuestra salud mental de forma silenciosa y persistente.
Según datos históricos y proyecciones recientes, nuestro país sigue lidiando con niveles de productividad estancados, pese a las largas jornadas laborales. Pero este problema no solo tiene una dimensión económica, sino que también deja entrever la profunda vulnerabilidad de la mente humana. Postergar tareas o actividades necesarias, pero incómodas, puede parecer algo común e inofensivo, pero en verdad puede tener consecuencias importantes para nuestra salud mental.
Según los datos del estudio Termómetro de la Salud Mental (UC y ACHS), un alto porcentaje de chilenos que manifiesta necesidades de tratamiento psicológico, no consulta a un profesional, pese a padecer de síntomas y tener la intención de consultar. Además, los datos también demuestran que, cuando se accede a tratamiento, la reducción de síntomas es significativa. ¿Qué nos lleva a postergar la búsqueda activa de soluciones para los dolores que nuestra mente y corazón sostienen a diario?, y ¿Qué conecta la baja productividad con la resistencia a buscar ayuda para el cuidado propio?
La respuesta está en el fenómeno conocido como la procrastinación: esa tendencia a postergar acciones necesarias para nuestro funcionamiento y salud, desplazándolas por actividades fáciles, entretenidas o por simples estrategias de evitación.
Contrario a la creencia popular, procrastinar no es producto de la flojera o de la incapacidad para organizarse. Es una dificultad en la regulación de las emociones. Procrastinamos cuando, ante una tarea que nos genera ansiedad, aburrimiento o inseguridad, decidimos «aliviar» esa incomodidad, haciendo otra cosa. Podrías reconocerlo en las ganas de “comer algo rico justo cuando tienes que empezar un informe difícil; o cuando te pones a hacer tareas domésticas irrelevantes (limpiar el escritorio), para evitar la tarea importante (ordenar el closet y botar lo que ya no usas); o cuando te dices a ti misma/o «mañana tendré más energía para empezar a hacer…dieta, ejercicio, mi proyecto, etc.».
Y claro, el efecto de procrastinar no se queda solo en la oficina o en la casa. La procrastinación tiene un impacto acumulativo y «deletéreo» en nuestra vida personal, en especial en quienes postergamos el chequeo anual o la consulta con el psicólogo por miedo al diagnóstico, o por “lo incómodo del trámite”, permitiendo que patologías leves se vuelvan crónicas.
La buena noticia es que la procrastinación es un síntoma tratable. Hoy en día, diversos enfoques terapéuticos se han adaptado específicamente para abordar este comportamiento. A menudo, la procrastinación se inserta en trastornos de depresión o ansiedad, donde funciona como un mecanismo que contribuye a la mantención de los síntomas y el sufrimiento. Tratarla preventivamente no solo mejora la productividad, sino que libera la carga emocional que impide disfrutar la vida plenamente.
Si sientes que estás postergando tu bienestar o tu trabajo, intenta implementar estas herramientas basadas en la evidencia:
1.- Comprométete a trabajar en la tarea que evitas por solo 5 minutos. A menudo, lo más difícil es romper la inercia del inicio; una vez que empiezas, la ansiedad baja.
2.- Divide tus objetivos en tareas concretas. No anotes «Hacer el proyecto» en tu agenda, anota «Escribir la introducción», las tareas pequeñas son menos intimidantes para el cerebro.
3.- Por último, identifica tus «gatillos» de distracción (como el celular, ruidos molestos, calor) y cambia tu ambiente durante bloques de tiempo específicos.
Al hacer pequeños ajustes en tu día a día, puedes ir ganando paso a paso terreno en tu capacidad de postergar la gratificación instantánea, y proteger tu salud mental y tu productividad.
Y ten siempre en mente que si postergar se ha vuelto tu forma de vida, algo que no ayuda es esperar hasta a que el estrés te pase la cuenta, para pedir ayuda. Consultar a tiempo es el primer paso para recuperar el control de tus vida






