Chile tiene razones para sentirse orgulloso de su agricultura. En pocas décadas, el país construyó un sistema agroalimentario competitivo, exportador y reconocido internacionalmente
Ese éxito, sin embargo, convive hoy con tensiones que ya no podemos considerar marginales: escasez de agua, degradación de suelos, pérdida de biodiversidad, desigualdades territoriales y rurales, nuevas exigencias de los mercados y una creciente vulnerabilidad frente al cambio climático.
Hoy la pregunta ya no es solamente cómo producir más o ser más eficientes. La pregunta es cómo transformar nuestro sistema agroalimentario para que pueda seguir generando alimentos, empleo y desarrollo en un escenario ambiental, social y económico mucho más incierto.
Transformar no significa desconocer lo avanzado ni reemplazarlo todo. Significa reconocer que muchos de los desafíos actuales son sistémicos y, por lo tanto, no pueden resolverse con una tecnología, una disciplina o una política aislada. Necesitamos combinar innovación tecnológica con innovación social e institucional; conectar agricultura, biotecnología, ecología y economía con las ciencias sociales, la gobernanza y las políticas públicas. Pero, sobre todo, construir soluciones junto a productores, empresas, comunidades, consumidores y el Estado.
Chile necesita pasar de una lógica centrada principalmente en la productividad a otra capaz de integrar resiliencia, sostenibilidad, inclusión y viabilidad económica. Esto exige ciencia de primer nivel, pero también nuevas formas de colaboración: instituciones capaces de aprender y experimentar, como también una relación mucho más estrecha entre conocimiento científico, políticas públicas y realidad territorial.
Parte de esta transformación deberá ocurrir en los propios territorios. No basta con desarrollar soluciones en laboratorios o centros de investigación: será necesario probarlas en contextos reales, evaluar sus resultados, aprender de sus limitaciones y adaptarlas antes de pensar en escalarlas. La transformación del sistema agroalimentario será necesariamente un proceso colectivo, donde distintos actores participen en la implementación de soluciones y en la definición de los problemas que queremos resolver.
El desafío es grande, pero también lo es la oportunidad. La agricultura chilena ya demostró que puede transformarse y competir en el mundo. La tarea en esta nueva etapa es aún más ambiciosa: construir un sistema agroalimentario capaz de prosperar dentro de los límites ambientales, generar valor de manera más inclusiva y responder a futuros que todavía no podemos anticipar.
El Centro de Investigación para la Transformación Agroalimentaria, CITAGRO asume estos desafíos. Su propuesta es contribuir a esta tarea articulando capacidades científicas, actores y territorios, combinando distintas disciplinas y promoviendo experimentación y aprendizaje en condiciones reales. Más que ofrecer respuestas predeterminadas, buscamos contribuir a construir una capacidad compartida para enfrentar los desafíos agroalimentarios del futuro.
Ariel Orellana, director CITAGRO, académico UNAB
Laurens Klerkx, director alterno CITAGRO, académico UTalca






