Aunque el cáncer testicular tiene altas tasas de sobrevida cuando se detecta a tiempo, el autoexamen sigue fuera de campañas, colegios y controles médicos. Experta advierten un vacío cultural y sanitario
Mientras el autoexamen de mamas forma parte de campañas de salud, controles preventivos y conversaciones cotidianas desde hace décadas, el autoexamen testicular permanece casi invisible. Pocas personas saben cómo realizarlo, cuándo hacerlo o qué señales deberían alertar sobre un posible cáncer testicular.
Para Sara Parada, matrona y directora de Obstetricia de la Universidad Andrés Bello, esa diferencia no responde a que una enfermedad sea menos importante que la otra, sino a una brecha histórica en la forma en que se ha construido la prevención.
“El autoexamen de mamas no se instaló de manera espontánea. Hubo años de educación sanitaria, campañas públicas y presencia constante en medios y espacios comunitarios. Esa cultura preventiva todavía no existe en torno al cáncer testicular”, plantea.
Cómo realizar el autoexamen testicular
El cáncer testicular afecta principalmente a personas jóvenes con testículos y, detectado de manera precoz, suele tener altas probabilidades de tratamiento exitoso. Sin embargo, como comenta Parada, la conversación pública sobre el tema sigue siendo limitada y muchas veces atravesada por vergüenza, desconocimiento o silencio.
La técnica del autoexamen es simple. “Se recomienda realizarlo una vez al mes, idealmente después de una ducha tibia, cuando la piel del escroto está más relajada. Consiste en palpar suavemente cada testículo para identificar cambios como nódulos, endurecimiento, aumento de volumen, dolor persistente o sensación de peso inusual”, sostiene la docente.
“No requiere equipamiento ni conocimientos especializados. Requiere, sobre todo, que alguien lo enseñe”, agrega.
Falta de educación sexual masculina
La matrona subraya que ese es precisamente el problema. El autoexamen testicular rara vez aparece en programas de educación sexual, campañas masivas o controles preventivos. En la práctica, muchas personas llegan tarde a consultar porque nunca recibieron información clara sobre su propio cuerpo.
La especialista advierte que el vacío no es casual. “Históricamente, la salud sexual masculina se ha abordado de forma parcial, concentrándose en fertilidad, desempeño sexual o infecciones de transmisión sexual, dejando fuera conversaciones sobre autocuidado y prevención oncológica”, señala.
A eso se suma un componente cultural. “A muchos hombres se les enseña desde pequeños a no hablar de su cuerpo, a minimizar molestias y a consultar tarde. Esa forma de entender la masculinidad también tiene consecuencias en salud”, explica.
El resultado es que numerosos hombres jóvenes no cuentan con espacios preventivos equivalentes a los controles ginecológicos frecuentes en mujeres. “La revisión de la presión arterial o del colesterol suele estar incorporada en los chequeos médicos, pero no ocurre lo mismo con preguntas sobre dolor testicular, cambios físicos o autoexamen”, recalca.
Parada insiste en que hablar de salud testicular no debería ser incómodo ni excepcional.
La académica también plantea que las campañas preventivas deben ampliar su enfoque. El cáncer testicular suele comunicarse exclusivamente como un tema “de hombres”, dejando fuera a mujeres trans, personas no binarias y otras personas con testículos que también necesitan información y acceso oportuno a atención de salud.
Por eso, sostiene que la prevención debe considerar tanto la anatomía como las distintas identidades de género, además de las barreras que muchas personas enfrentan en el sistema de salud, especialmente quienes han vivido experiencias de discriminación o incomodidad durante consultas médicas.
Para la especialista, incorporar el autoexamen testicular en la educación sexual integral podría marcar una diferencia significativa. No se trata de generar alarma, dice, sino de enseñar herramientas concretas de autocuidado desde edades tempranas.






