El presunto suministro de un antipsicótico a menores sin indicación médica encendió alarmas. Toxicólogo advierte riesgos severos y cuestionan prácticas que vulneran derechos básicos
El reciente caso ocurrido en un jardín infantil de la comuna de Tiltil, donde se habría administrado quetiapina a niños pequeños sin indicación médica, generó una fuerte preocupación tanto en la comunidad sanitaria como en la opinión pública. Mientras avanzan las investigaciones, expertos advierten sobre los peligros asociados al uso de este fármaco en población pediátrica.
De acuerdo con Fernando Torres, toxicólogo y director de la Escuela de Química y Farmacia UNAB, la quetiapina corresponde a un psicofármaco clasificado como antipsicótico atípico, indicado para el tratamiento de patologías psiquiátricas específicas como la esquizofrenia y el trastorno bipolar.
No es un medicamento ni para inducir sueño ni controlar conductas
“Su uso en niños es restringido y debe ser evaluado caso a caso por un especialista, bajo una estricta supervisión médica. No se trata de un medicamento diseñado para inducir el sueño ni menos para controlar conductas en menores sanos”, enfatizó el especialista.
Asimismo, advierte que “el uso inapropiado de quetiapina en niños puede provocar efectos adversos importantes, que van desde sedación excesiva y disminución del nivel de conciencia, hasta compromiso respiratorio y alteraciones cardiovasculares”.
En escenarios más graves, añade que pueden presentarse convulsiones, arritmias e incluso situaciones que ponen en riesgo la vida del menor, lo que refuerza la necesidad de limitar su uso exclusivamente a contextos clínicos debidamente justificados.
A nivel neurológico, la exposición a este tipo de medicamentos también puede tener consecuencias. Según el especialista, puede afectar funciones cognitivas como la atención, la memoria y la conducta. A ello se suman efectos secundarios como náuseas, vómitos, estreñimiento, congestión nasal, dificultad para hablar, además de aumento de peso y alteraciones en los niveles de glucosa.
Desde el ámbito sanitario, Torres insiste en que existe consenso en que la administración de medicamentos sin indicación médica constituye una práctica de alto riesgo y una vulneración grave de los derechos de los niños, “el uso de psicofármacos con fines de sedación o control conductual en contextos educativos es considerado inaceptable”.
El caso ha vuelto a poner en el centro la necesidad de reforzar la fiscalización en establecimientos educacionales y promover una mayor educación sobre el uso seguro de medicamentos. Las autoridades continúan indagando para establecer responsabilidades y evitar que hechos de esta naturaleza se repitan.






