Las altas temperaturas pueden alterar la estabilidad de muchos fármacos. Experta en farmacología advierte que una mala conservación en verano reduce su eficacia e incluso puede generar riesgos para la salud
Durante el verano y las olas de calor, el cuidado de los medicamentos se vuelve un tema de salud pública que suele pasar inadvertido. El aumento de la temperatura no solo afecta a las personas, sino también a la estabilidad de los fármacos, cuyo efecto terapéutico depende en gran medida de una correcta conservación.
Según explica Liliana Peredo, académica de la Escuela de Química y Farmacia de la Universidad Andrés Bello, el calor favorece la degradación química de los medicamentos. “Las altas temperaturas aceleran reacciones que disminuyen la estabilidad del principio activo, lo que puede traducirse en una pérdida de efectividad terapéutica o incluso en la formación de productos de degradación que resultan irritantes o tóxicos”, señala.
En términos simples, un medicamento expuesto al calor puede dejar de funcionar como corresponde o provocar reacciones no deseadas.
No todos los fármacos reaccionan de la misma forma. Peredo explica que los más sensibles al calor son aquellos de origen biológico o con formulaciones inestables. En este grupo se encuentran las insulinas, vacunas, hormonas, algunos anticoagulantes, antibióticos en suspensión, colirios, inhaladores y medicamentos líquidos. “Muchos de ellos requieren mantenerse refrigerados o almacenarse en lugares frescos, generalmente bajo los 25 °C, por lo que una exposición prolongada a altas temperaturas puede afectar rápidamente su calidad”, agrega.
Errores más comunes
En el hogar generalmente comenten varios errores de almacenamiento. Guardar medicamentos en la cocina o el baño es una práctica habitual, pese a que ambos espacios concentran calor, humedad y cambios bruscos de temperatura. También es común dejarlos expuestos a la luz solar o dentro del automóvil. La recomendación, según la docente UNAB, es conservarlos en un lugar fresco, seco, bien ventilado y lejos de fuentes de calor, siempre respetando las indicaciones que figuran en el envase o el prospecto.
El transporte durante los viajes de verano es otro punto crítico. Dejar medicamentos dentro de un vehículo estacionado puede ser especialmente riesgoso, ya que la temperatura interior puede superar los 30 °C en poco tiempo. En trayectos largos, lo ideal es llevarlos en un bolso térmico o cooler portátil, sobre todo aquellos que requieren refrigeración, y mantenerlos siempre con el pasajero, evitando el maletero.
Cómo saber si un medicamento ya no está en buenas condiciones
Existen, además, señales que permiten detectar si un medicamento ya no está en buenas condiciones. Cambios en el color, olor o consistencia, presencia de grumos o sedimentos, separación de fases en líquidos, comprimidos deformados o envases hinchados son signos de alerta. Frente a cualquiera de estas situaciones, el fármaco no debe utilizarse y se recomienda consultar a un químico farmacéutico.
“El verano y las olas de calor pueden comprometer seriamente la eficacia de los tratamientos si no se conservan adecuadamente”, advierte Peredo. Por ello, subraya que, ante cualquier duda sobre el almacenamiento o el estado de un medicamento, la recomendación es acudir a un profesional. Un fármaco mal conservado puede ser tan riesgoso como no tratar una enfermedad, con consecuencias directas para la salud de los pacientes.






